Egoísmo:
El egoísmo se relaciona no sólo con mi conducta, sino con mi carácter. Significa que lo deseo todo para mí; que poseer y no compartir me da placer; que soy avaro, porque mi meta es tener, y que más soy cuanto más tengo; que debo sentir antagonismo a todos mis semejantes: a mis clientes a los que deseo engañar, a mis competidores a los que deseo destruir, a mis obreros a los que deseo explotar. Nunca puedo quedar satisfecho, porque mis deseos no tienen límite; debo envidiar a los que tienen más, y temer a los que tienen menos; pero debo reprimir estos sentimientos para presentarme (ante los otros y ante mí mismo) como el individuo sonriente, sincero y amable que todos simulan ser.
Las personas egoístas se sienten necesariamente infelices y ansiosamente preocupadas por arrancar a la vida las satisfacciones que ellas mismas se impiden obtener. Parecen preocuparse demasiado por sí mismas, pero, en realidad, solo realizan un fracasado intento por disimular y compensar su incapacidad de cuidar de su verdadero ser. Los individuos egoístas, no se aman demasiado, sino muy poco, en realidad se odian; es verdad, son incapaces de amar a los demás, pero tampoco pueden amarse a sí mismos.

Amor a si mismo:
El amor a los demás y el amor a nosotros mismos no son alternativas; por el contrario, en todo individuo capaz de amar a los demás se encontrará una actitud de amor a sí mismo. El amor, en principio, es indivisible en lo que atañe a la conexión entre las personas amadas y el propio ser. No es un “afecto” en el sentido de que alguien nos afecte, sino una actividad implícita en la propia capacidad de amar y que tiende al crecimiento y el bienestar de la persona amada. De ello se deduce que mi propia persona debe ser objeto de mi amor igual que lo es cualquier otra persona. La afirmación de la vida, bienestar, crecimiento y libertad propios, está arraigada en la propia capacidad de amar, esto es, en el cuidado, el respeto, la responsabilidad y el conocimiento. Si una persona es capaz de amar productivamente, también se ama a sí misma; si dice solo amar a los demás, no puede amar en absoluto.

Fuente del Texto: Erich Fromm; papesraro.com

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *