El cuerpo sigue creciendo y la mente se ha detenido a los doce años; a esta edad uno ha recogido todo tipo de creencias; uno ya es un creyente, uno ya “sabe” lo que es la verdad. Uno es cristiano, otro es comunista; uno cree en Dios, otro no cree en Dios; uno cree en La Biblia, otro cree en El Capital; uno es de derecha, otro es de izquierda.
A los siete años un niño ya sabe el cincuenta por ciento de todo lo que sabrá. Y a los catorce años casi ha llegado; ahora no hay a dónde ir, solo tiene que vegetar. Ahora existirá como un repollo; si va a la universidad entonces puede convertirse en una coliflor.

El hombre consciente crece hasta el final; incluso cuando está muriendo, está creciendo. Un hombre consciente no cree, aprende; no se vuelve conocedor, siempre permanece abierto, abierto a la verdad. Y siempre recuerda que “no es que la verdad deba adaptarse a mi, sino viceversa: yo tengo que adaptarme a la verdad”. El creyente trata de adaptar la verdad a sí mismo, el buscador se adapta a la verdad. El creyente no puede confiar ni en su propia experiencia. Incluso si la verdad es revelada la rechazará, a menos que encaje con él y sus creencias.

Fuente del texto: Osho

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