Creer que la sociedad cambiará cuando llegue la persona indicada al gobierno del país es algo que nos ha hecho creer el mismo Estado, su propósito es que sigamos dependiendo de él. La realidad es que el cambio solo se dará cuando las personas que forman la sociedad sean mas conscientes de si mismas y del mundo que las rodea; esto implica que nosotros debemos evolucionar como individuos.

El principio de todo camino hacia la propia transformación es reconocer cada vez más la realidad y descubrir los engaños que corrompen.
Muchos de los que aborrecen la violencia, el odio y el egoísmo son ingenuos. Necesitan creer que todo el mundo es bueno; o al menos que sus ídolos, líderes o figuras de autoridad, son lo suficientemente poderosas para poder conservar la fe en si mismos. De esta manera sus tentativas por alcanzar un máximo bienestar acaban fracasando. Cualquier decepción grande los convencerá de que estaban equivocados, o los empujará a la depresión por ya no saber en que creer.

La fe en la vida, en si mismo, y en los demás tiene que edificarse sobre el terreno firme del realismo, solo así se puede ver el mal donde está, de ver la trampa, la destructividad y el egoísmo. Es necesario tener tal pasión por la realidad, que tal vez los que están suficientemente adaptados al actual sistema social y económico pueden ver esta postura como rara. Pues seamos raros si entendemos por esto que no queremos que nos tomen el pelo con las mentiras agradables, piadosas y sabrosas que llenan casi todo lo que se dice y se cree. Pero este tipo de rareza no lo es en realidad; es negarse a formar parte de un sistema de engaños. Como lo expresa brevemente el Maestro Eckhart cuando decía del inocente (al que Jesús enseñaba): “No engaña a nadie, pero tampoco se deja engañar”-.

Fuente del texto: Erich Fromm
papaesraro

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